sábado, 18 de julio de 2009
Cuestión de sutileza.
¡Marionetas! ¡Putas marionetas! Inmóviles, objeto de cientos de metáforas, simplemente esperando que alguien mueva sus hilos para deslizarse al compás que cualquier mano le marque. Te miran con sus horribles caras de infancia rota por el tiempo y rozándo lo siniestro, lo oscuro, te muestran todo un recorrido vital. Yo tengo a Mozart, sí es cierto, tengo una marioneta que es el vivo retraro de Mozart, lo cojo, lo muevo, lo hago bailar canciones ridículas, de hecho es tan antigua que pertecene al tópico: manos cuasicerradas, boca sonriente, miembros de porcelana...Alguna que otra vez he simulado que se "tocaba una paja" y nos hemos reido a carcajadas. ¿Que diría el genio de la música ante tal banalidad? Es tan banal que directamente no diría nada. ¿Que está pasando? ¿Qué metáfora romántica ha establecido el papel de las marionetas con su connotación negativa? Esa marioneta se ha vendido porque es Mozart, él es el que mueve los hilos, cuando juego con ella es ella la que en realidad tiene sus hilos colocados de cierta manera y me está determinando a moverlos de cierta forma. ¿Por qué no tenemos en cuenta formas mas sutiles de manipulación? ¿Por qué no asumimos que formamos parte del capitalismo? Otra vez las marionetas han servido de metáfora... ¡Putas Marionetas! ¿Qué hariamos sin ellas?
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